lunes, 14 de febrero de 2011

A UN POETA MENOR DE LA ANTOLOGÍA




¿Dónde está la memoria de los días que
fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor y fueron para ti el universo?

El río numerable de los años los ha
perdido; eres una palabra en un índice.


Dieron a otros gloria interminable
los dioses, inscripciones y exergos
y monumentos y puntuales historiadores;
de ti sólo sabemos, oscuro amigo,
que oíste al ruiseñor, una tarde.


Entre los asfódelos de la sombra, tu vana
sombra pensará que los dioses han sido avaros.


Pero los días son una red de triviales
miserias, ¿y habrá suerte mejor que
la ceniza de que está hecho el olvido?


Sobre otros arrojaron los dioses la inexorable luz de la gloria, que mira las
entrañas y enumera las grietas, de la
gloria, que acaba por ajar la rosa que
venera; contigo fueron más piadosos, hermano.


En el éxtasis de un atardecer que no será una
noche, oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.